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NOTAS DE PRENSA

Nota No. 2
Tomada de ELESPACIO.COM.CO - Abril 6de 2009
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¡El Melquiades de nuestros tiempos!
Ricardo Rondón Ch.
ricardorondon@gmail.com
Publicado Abril 06/2009

Con un trabajo dedicado, paciente, de precisión y talento, como el de los alquimistas de época, el artista bogotano Pedro Villalba Ospina invirtió seis años en el oficio consagrado de ilustrar la obra cumbre de Gabriel García Márquez.

Villalba Ospina, egresado de la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional, ha realizado una labor admirable, profunda y de invaluable valor histórico y cultural con su interpretación en las técnicas milenarias del grabado y del aguafuerte, de los capítulos memoriosos de ‘Cien años de soledad’, empezando por el tren que recoge los muertos de la masacre de las bananeras -que ilustra la portada de esta edición para bibliófilos y coleccionistas-, la mano del telegrafista que anuncia el pasaje diluviano de Macondo, la ascensión de Remedios La Bella, entre otros motivos de la epopeya garciamarquiana, para un total de 120 grabados que representan la más bella y asombrosa lectura artística que, sobre la novela insigne del Mago de Aracataca, se haya hecho en toda su historia.
Lo del grabador colombiano, una suerte de Melquiades de nuestros tiempos.

¿Cuántas veces se ha leído ‘Cien años de Soledad’?
“Ya he pasado de 40 veces la lectura de la novela”.

¿Qué edad tenía cuando hizo la primera lectura?
“Catorce años, y fue orientada por la profesora de literatura escolar, que en los años anteriores ya nos había preparado leyendo cuentos breves y novelas cortas de Gabriel García Márquez”.

¿Cuál fue su primera impresión de ‘Cien años de soledad’?
“Que todo lo que habíamos leído en los cuentos tenía un universo propio que se reunía y se completaba en esta novela”.

¿Y la impresión de la más reciente lectura?
“Una impresión muy importante que todavía mantengo es que ‘Cien años de soledad’ es un hermoso poema épico escrito en prosa”.

¿Se puede decir que en todos estos años se le ha convertido en una obsesión?
“Lo que se ha convertido en una obsesión cuando leía recurrentemente la novela y hacía los grabados, es que tenía la obligación de hacer una obra tan bella que se acercara a la belleza misma de la narración”.

A nadie se le había ocurrido ilustrar una obra monumental como ésta. ¿De dónde nace esta iniciativa de parte suya?
“De varias experiencias, pero sobre todo de haber conocido siendo niño y adolescente los libros de la literatura universal ilustrados por grandes grabadores”.

¿Estamos hablando de Gustavo Doré y ‘La Divina Comedia’?
“Desde luego, y también de ‘El Quijote de la Mancha’, ‘Las mil y una noches’, ‘La Divina comedia’, pero sobre todo una enciclopedia que para mí fue una orientación permanente: ‘El tesoro de la juventud’. Justamente el papel en el que está impresa ‘Cien años de soledad’ ilustrada, me recuerda mucho al papel de las páginas de la citada enciclopedia”.

¿Cuál fue el primer grabado que hizo de ‘Cien años de soledad’?
“Esa pregunta me gusta mucho porque el grabado que está en la portada de la novela, que es el tren que transporta los muertos de la masacre de las bananeras, es el primer grabado que realicé, y el que escogió el maestro Gabriel García Márquez, sin saber que era el primer acercamiento que hacía al argumento de su obra cumbre”.

¿Y cómo se le reveló este cuadro fantasmagórico?
“Porque hay momentos de la novela que tienen un gran impacto en la memoria del lector, y para mí ese episodio basado en una experiencia real de nuestra historia, me impresionó mucho”.

Hay una metáfora muy bella que usted hace del telegrafista que envía el mensaje de que en Macondo está lloviendo. ¿Cómo se cristaliza esa premisa onírica?
“Es el resultado de un momento de dolor de Gerineldo Márquez, quien fue rechazado por su amada Amaranta, pero también es un homenaje a José Gabriel Márquez, el humilde telegrafista de Aracataca, padre de nuestro Premio Nobel”.

Algo que me pareció curioso: ¿Por qué sólo sugiere los pies en la ascensión de Remedios la Bella?
“Porque un personaje tan extraordinario, con una belleza tan incomprendida, sólo le puede pertenecer al lenguaje escrito de la novela. Yo simplemente lo insinué sin llegar a representarlo”.

¿Qué hizo con el viejo Melquiades?
“Melquiades, que iba y venía de la muerte con mucha familaridad, lo representé varias veces en los grabados. Unas, anciano y decrépito, como vivía en Macondo, y otras, vigoroso y restaurado cuando pasaba el umbral de la muerte a la vida y viceversa”.

Usted no se siente como un Melquiades con esta alquimia ilustrativa de ‘Cien años de soledad’?
“Un poco, por la práctica de los oficios que realizó y porque son técnicas tradicionales y antiguas que llevan consigo una gran historia de
realizaciones”.

¿Y cómo son sus mariposas?
“Son mariposas hechas con pétalos de rosas amarillas, que evocan el momento cuando Gabriel García Márquez recibió el Premio Nobel, portando una rosa amarilla para conjurar la adversidad y la muerte”.

Sus grabados tienen un aire de Goya, ¿no le parece?
“No sólo de Goya, también de Durero, Rembrandt y Doré, que fueron visualmente los maestros a los que recurrí”.

¿Y en el oficio práctico, quienes fueron?
“Mis maestros de la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional: Umberto Giangrandi, Augusto Rendón, Ángel Lockartt, Alonso Cano (maestro de grabado en madera), Manuel Hernández y Santiago Cárdenas, entre otros”.

¿Cuánto tiempo se gastó en este proceso de ilustración de la novela?
“Seis años, en lo que comprende la realización práctica de los grabados: de 1996 a 2002, es decir, el trabajo de los bocetos, su traslado a las láminas de metal y toda la creación que se realiza sobre la plancha encerada”.

¿Cuál es la diferencia entre un grabado y un aguafuerte?
“Hay una manera directa de dibujar sobre el metal haciendo presión con una punta metálica. Esa forma de grabar se llama ‘punta seca’. Pero hay otra forma, que es recubriendo el metal con un barniz y dibujar sobre él con la misma punta metálica, pero sin herir con fuerza el metal. En este caso, la acción de grabar la hace un baño de agua con ácido. Ese baño da origen al nombre de aguafuerte. Es una técnica que data del Siglo XIV y sin variaciones se sigue practicando hasta hoy artísticamente”.

¿Cuál técnica le seduce más?
“Definitivamente el aguafuerte, pero también me gusta trabajar sobre madera, grabándola con buriles. Esta técnica se llama xilografía”.

¿Con cuántos grabados ilustró la novela?
“Inicialmente pensé hacer cien grabados para mantener el nombre de la novela, que tiene veinte capítulos. De modo que visualizaba cinco para cada capítulo. Pero me di cuenta que visualmente quedaba incompleta, y decidí hacer uno más por capítulo, de tal manera que son 120 grabados al aguafuerte para ‘Cien años de soledad’”.

¿Cuántos tomos por todos?
“En la edición que contienen los originales son cuatro tomos, cada uno con cinco capítulos. Esta es una edición para coleccionistas y bibliófilos, pero también para bibliotecas y facultades especializadas”.

¿Cuántos ejemplares se imprimieron para la edición especial?
“Como son libros totalmente hechos a mano, en el trabajo de los estuches y las impresiones de los fragmentos de la novela se está realizando una edición limitada de 50 ejemplares numerados”.

¿Y cómo están clasificados?
“Son cincuenta ejemplares en número arábigo, quince ejemplares en romanos, y cinco pruebas de autor (P/A), lo que hace que sea una edición limitada de 70 ejemplares”.

¿Ya hizo una exposición de los 120 grabados?
“Sí, se hizo una primera exposición, en 2002, en el Museo de Arte Moderno de Cartagena; luego se han hecho otras exposiciones en otras ciudades de Colombia y otros países”.

¿Cuál es su lectura de su obra monumental?
“Es el resultado de los buenos libros en las manos de los buenos maestros que nos orientan”.

¿Después de todo esto, sigue empeñado en releer la novela?
“‘Cien años de soledad’ tiene una particularidad, y es que a pesar de que sabemos cuál es su historia, siempre que la releo es una novela nueva, por la textura poética de su lenguaje, y la poesía es algo que a veces se muestra pero también se oculta. Y, como estoy convencido de que la novela es un poema épico, entonces siempre encuentro cosas distintas”.

Para terminar, maestro: ¿Usted sí cree que tendremos una segunda oportunidad sobre la tierra?
“Si llegamos a ser capaces de inventar el amor como dice Gabriel García Márquez, no lo veo imposible”.


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